Hoy se disipó la tormenta y se abrió el cielo, el sol de la mañana brilló nuevamente y me regalo un coro de pajaritos, subí a un colectivo imaginario y le pedí que me llevase a un nuevo lugar, donde alguien estuviese esperándome para reír y jugar, entonces el viejo chofer me dijo que el solo sabia conducir, que el destino lo hacia el pasajero.
Entonces me senté en el asiento adecuado y cerré los ojos y le pedí a mi conciencia que inconcientemente me despertara en el lugar exacto, a una hora impuntual, en una parada que no existiese para que pueda caminar hacia una que si aunque no fuera la correcta.
Entonces ella me despertó y rápidamente el timbre hice sonar y baje, allí me encontré con un pequeño y gris teléfono que ya no funcionaba, entonces cruce en diagonal la gris calle en sentido hacia un bosque.
Desde allí pude ver de manera distorsionada a alguien que parecía estar esperando por mí, pero no estaba seguro de eso, pues lo observe con una sonrisa y pude ver que también lo hacía.
Al acercarse a mi pude ver que lo que sonreía era ese alguien quien tendió una mano y me invito a recordar, reír, descubrir y jugar. Una paloma gorda y renga se acerco a jugar con nosotros, y luego se sumaron otras, ese estado duro varias horas, fue muy agradable pasar la tarde con alguien.
Finalmente, luego de abrazos y caricias imaginarias, apareció a lo lejos el colectivo imaginario, me dijo que debía subir y seguir por que pronto la noche llegaría, y todo desaparecería como si de un encanto de tratase.
Adiós, gracias por haber compartido esta tarde conmigo le dije a alguien, un libro se sentó a mi lado y me dijo “Finalmente tu corazón esta a pleno, acabas de descubrir que es la vida, y no la muerte la que no tiene limites”.
Alguien siempre estará esperando por vos.
Marcos Rouan
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